En el ecosistema de Valparaíso, la relación entre la ciudad y el terminal que opera su principal frente de atraque, Terminal Pacífico Sur (TPS), suele medirse en dos monedas de muy distinto valor. Por un lado, está la narrativa de la responsabilidad social; por el otro, el duro balance de la contabilidad logística.
Recientemente, la empresa dio inicio a la cuarta versión de sus "Fondos Concursables TPS", invitando a las organizaciones sociales a postular. El anuncio destaca que se financiarán tres proyectos comunitarios con un tope máximo de 2,5 millones de pesos cada uno. En total, una inyección de 7,5 millones de pesos de la moneda nacional para reparar techumbres o comprar equipamiento en los cerros.
Mirado de forma aislada, para una junta de vecinos del cerro Cordillera, 2,5 millones de pesos es una cifra valiosa que resuelve urgencias inmediatas. Sería mezquino no valorar el esfuerzo de los dirigentes que postulan. El problema, sin embargo, no es el fondo en sí, sino la asimetría moral cuando se cruza la publicidad corporativa con los datos duros de lo que el puerto produce y lo que realmente le cuesta a la ciudad.
Para calibrar el peso real de estos 2,5 millones, hay que mirar las cifras que la propia compañía calcula cuando sus grúas se detienen. En la histórica huelga portuaria de 2018, que en mi opinión fue un chanchullo y que duró 35 días, la administración de TPS estimó sus pérdidas cercanas a los US$ 2 millones de dólares debido al desvío de buques y cruceros hacia San Antonio. Hagamos matemática simple: esos dos millones de dólares de pérdida en un solo mes equivalen hoy a más de 1.800 millones de pesos. Si un mes sin operar le cuesta a la empresa semejante fortuna, la pregunta matemática cae por su propio peso: ¿Cuánto gana el terminal en un año normal de operaciones impecables?
La respuesta está en las memorias de la empresa. TPS llega a movilizar sobre los 9 millones de toneladas de carga anuales, lo que se traduce en utilidades netas que se cuentan por miles de millones de pesos. Al contrastar esa opulencia con los fondos entregados, el panorama es numéricamente desolador: los 7,5 millones de pesos que el concesionario reparte este año entre toda la comunidad representan apenas un minúsculo 0,4% de lo que perdieron en un solo mes de paro. Si lo comparamos con sus ganancias anuales, el porcentaje se vuelve una cifra microscópica, un vuelto menor para cualquier mesa de directorio.
Aquí es donde entra la verdadera ecuación que los porteños debemos aprender a leer. En economía existe un concepto llamado externalidad negativa: aquellos costos invisibles que una actividad privada le traslada a toda la comunidad sin pagar por ellos.
Para que TPS mueva esos 9 millones de toneladas de carga, Valparaíso, nuestra ciudad paga un peaje diario altísimo. Significa el flujo constante de miles de camiones de alto tonelaje que destruyen el pavimento de los accesos públicos, generan congestión, emiten material particulado en el aire del anfiteatro y saturan acústicamente el entorno. Significa, además, el costo histórico de haber cedido el borde costero, privando a la ciudad de un espacio público de calidad y del derecho a mirar su propio mar.
Todos esos son costos reales, evaluables en dinero, que financia el presupuesto municipal y la calidad de vida de cada habitante. Cuando una empresa genera un impacto de esa magnitud, la entrega de fondos no debería ser un acto de caridad o un concurso donde los vecinos compiten entre sí para ver quién necesita más el dinero. Debería ser una compensación territorial regulada, proporcional al desgaste que producen.
Nadie pide que un concesionario privado sea una obra de beneficencia, pero la sustentabilidad de una ciudad-puerto exige reciprocidad real. Mientras Valparaíso siga aplaudiendo la entrega de cheques de 2,5 millones de pesos como si fueran grandes gestos de altruismo, seguiremos subsidiando con nuestra infraestructura y nuestra salud un negocio multimillonario, recibiendo a cambio las sobras de un banquete que se calcula en dólares y se reparte muy lejos de nuestros cerros.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad / Región Valparaíso
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