En momentos en que Chile debe definir el futuro de sus puertos, la Empresa Portuaria Valparaíso viaja a observar el modelo peruano. Lo preocupante no es aprender de otros, sino que nadie sea capaz de explicar qué decisión podía tomar una delegación que carece de atribuciones para definir la política portuaria nacional.
La Empresa Portuaria Valparaíso anunció con entusiasmo que su director, Franco Basso, y su gerente de Logística, Juan Marcos Mancilla, participaron en una misión organizada por ALOG Chile para conocer los proyectos de inversión, el sistema portuario y el clima de negocios del Perú. El comunicado parece importante. El problema es que, una vez leído, cuesta descubrir qué fue lo realmente importante.
¿Qué fueron a conocer que Chile no supiera? Chancay no apareció de un día para otro. Durante años ha sido estudiado por CAMPORT, el Ministerio de Obras Públicas, la Cámara Chilena de la Construcción, consultoras internacionales y la propia industria portuaria. Si toda esa información ya existía, la primera pregunta sigue sin respuesta: ¿qué conocimiento solo podía obtenerse viajando a Perú?
Si la misión era estratégica, surge una segunda interrogante aún más incómoda. ¿Qué poder de decisión tenían los viajeros? No eran ministros, no eran diplomáticos, no representaban la política exterior del Estado y no tenían facultades para modificar la política portuaria nacional. Entonces, ¿qué decisión estratégica fueron a tomar? Y si no podían decidir nada, ¿por qué se presentó el viaje como un hito para el desarrollo logístico?
La paradoja es evidente. Valparaíso jamás será Chancay. No porque le falten discursos, sino porque le faltan kilómetros cuadrados. Esa realidad la conocen perfectamente la Empresa Portuaria Valparaíso, CAMPORT y la Cámara Chilena de la Construcción. Los problemas de Valparaíso siguen siendo los mismos: conectividad, accesos, integración puerto-ciudad y una estrategia que todavía nadie logra explicar con claridad.
Pero quizás lo más simbólico sea otra cosa. Un gremio chileno organiza una misión para analizar el futuro logístico de Chile... y termina haciéndolo en el puerto que representa el liderazgo que Chile perdió hace tiempo. Hace veinte años eran otros los que venían a aprender de nuestros puertos. Hoy somos nosotros quienes cruzamos la frontera para observar los de ellos. No hay vergüenza en aprender. Lo preocupante es dejar de tener una visión propia.
Los nuevos directores de la Empresa Portuaria Valparaíso no fueron designados para repetir el libreto de sus antecesores. Fueron nombrados para recuperar liderazgo, transparentar sus decisiones y decirle a la ciudad cuál será el papel de Valparaíso en el nuevo mapa logístico del Pacífico. Hasta ahora conocemos el destino del viaje, las reuniones y las fotografías. Lo que todavía no conocemos son sus resultados.
Es probable que el pisco sour peruano haya estado excelente. Lo que sigue bastante desabrido son las explicaciones sobre la utilidad pública de la misión. Porque una empresa del Estado no se mide por los kilómetros que recorren sus directivos, sino por las respuestas que entrega a la ciudadanía. Y esas, por ahora, siguen pendientes.
Jorge Bustos
Defendamos la Ciudad / Región Valparaíso
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