Chilquinta le avisó que el árbol del patio es su problema, y en parte tiene razón. Pero no le contó que el cable que pasa por encima es de ella, ni que la ley dice con bastante claridad quién debe cuidar qué. Si usted es de los que dejan la carta bajo el imán del refrigerador, quédese un rato más.
Entre la boleta y el aviso del gas, este mes llegó una carta de Chilquinta con harta letra, un código QR y un tono de «no se preocupe, nosotros le explicamos». La mayoría la leyó en diagonal, o no la leyó, que es lo normal en un país donde casi todos los papeles que llegan por correo son para cobrarnos algo. Esta, además, venía con una lista de empresas de poda validadas, y ahí uno debería empezar a cachar de qué se trata. Cuando alguien le manda una carta para decirle que haga algo y, de pasadita, le da el teléfono de quien se lo cobrará, vale la pena preguntarse cuál es el trasfondo.
Seamos justos, que la justicia también se ejerce con quien uno critica: la carta no miente del todo. El árbol que crece en su patio es suyo, y si está podrido, inclinado o con ramas secas y se cae sobre el auto del vecino, usted responde. Tampoco es raro que la ley le prohíba plantar un eucalipto debajo de una línea eléctrica, y que, si lo hace, la empresa pueda cortarlo y pasarle la cuenta. Hasta ahí, sentido común. El problema empieza en lo que la carta no dice: que la ley le exige a la empresa dueña de la red mantenerla en buen estado y en condiciones de no hacer peligrar a nadie, y que el reglamento baja esa frase tan bonita a algo muy concreto, que sus programas de mantenimiento deben incluir cortar o podar los árboles que amenacen sus instalaciones. Dicho en porteño: en el cerro usted usa el ascensor, pero nadie le pasa la cuenta por engrasar los cables.
Y no es una interpretación de vecino enojado. La Superintendencia de Electricidad y Combustibles, la SEC, ha sancionado a empresas por no podar, y los tribunales han confirmado esas multas, incluida una de la Corte de Santiago contra Enel este mismo año y otra de la Corte Suprema contra una eléctrica por riesgos en franjas de seguridad. Más curioso aún: la propia Chilquinta cuenta en su carta que mandó a analizar los árboles caídos en el temporal de julio y que los expertos concluyeron que fue todo previsible y evitable. Perfecto, entonces. Si era previsible, alguien debió preverlo, y quien recorre las redes todo el año y cobra por mantenerlas debería estar entre los primeros de la fila. No digo que sea toda su culpa; digo que no es toda nuestra.
Mientras tanto, hay que cuidarse, porque la rabia no protege de una descarga. Si el árbol tiene ramas cerca de los cables, no se suba, no mande al primo con la sierra ni le pague al que pasó con camioneta ofreciendo podas baratas. Hasta la carta admite que eso lo debe hacer gente capacitada, y un cable de esos no perdona dos veces. Si ve ramas tocando o muy cerca de la línea, escríbale a la empresa pidiéndole que vaya a revisar y despejar, con su número de cliente, su dirección y las fotos del árbol con la fecha, y guarde el comprobante. Si no responde, vaya a la SEC con esa carta y esas fotos bajo el brazo; es un reclamo que se hace por internet y es gratis. Si el árbol está en la vereda o en la plaza, mande lo mismo a la municipalidad, que también tiene sus deberes. Y una cosa más, que a veces se nos olvida por andar peleando: cuando la cuadrilla de la empresa llegue a podar, déjelos entrar. Negarles el paso es regalarles una excusa. Si hay chispas, un cable en el suelo o una rama prendida, aléjese, no toque nada y llame a la empresa y a Bomberos.
Lo que cambia de verdad un barrio no es pelear con las empresas, sino saber qué le toca a cada uno, y exigirlo con calma y por escrito, que es como se hacen respetar los derechos. Cada papel que llega a nuestras casas es una oportunidad para aprender, o para dejarse pasar la mano. El ascensor funciona mejor cuando todos cachamos quién lo engrasa.
Jorge Bustos
Valparaíso
Las empresas deben hacerse…
Las empresas deben hacerse cargo, además, de la "servidumbre".
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